P. JAIME EMILIO GONZALEZ MAGAÑA // Todavía hay buenos Maestros

      En México, hoy recordamos “el día del maestro” y me parece que sería necesario preguntar a los padres de familia ¿colaboran con un buen maestro en el arte de educar? ¿Cuál es su reacción al enfrentar una actitud caprichosa o manipuladora de sus hijos? ¿Cómo se comportan de frente a las decisiones difíciles que deben tomar en los procesos de educación? Tal vez porque es infinitamente más fácil decir que sí a todo lo que los hijos les piden, los papás evaden la responsabilidad de decir que no cuando las circunstancias así lo exigen. Y no me refiero solamente a las cuestiones materiales ya que éstas son solamente un ejemplo de la permisividad generalizada en nuestros días sino a la decisiones que tocan los aspectos éticos, morales y del comportamiento social más elemental como el respeto, el diálogo, la honestidad, la sinceridad, el valor del trabajo, el amor a la familia, la identidad personal, el amor a la Patria, etc.

      Todavía en tiempos no muy lejanos, la Iglesia, a través de las parroquias, era un colaborador eficaz en la educación moral y religiosa de los más jóvenes. Hoy vemos con tristeza que esto ya no es así. Los jóvenes ya no participan en la Eucaristía de los domingos y esto con la anuencia de los padres a quienes pareciera no interesarles que sus hijos se levanten a altas horas de la mañana después de haber llegado de “los antros” en la madrugada. Los círculos amistosos de los jóvenes no son ya los de la escuela o del barrio que otrora eran conocidos por los papás sino que se han vuelto cada vez más peligrosos porque de un modo u otro los ponen en contacto con mafias de la droga y la tentación de poder adquirir dinero fácil a costa de lo que sea. Es innegable que el rendimiento académico es muy deficiente, solapado por la corrupción enfermiza de muchos profesores y grupos sindicales de poder que disfrutan de todo tipo de impunidad. Cada vez estamos en condiciones desventajosas con otros países.

      Una salida fácil y muy cómoda sería culpabilizar a los profesores y sus deficiencias de toda esta tragedia pero no sería justo pues sabemos que todavía y, a pesar de las autoridades y de sus erróneas políticas educativas, hay muchos buenos profesores que trabajan por vocación y amor a los niños y jóvenes. Existen muchas escuelas públicas y privadas en las que se encuentran maestros que, no obstante los bajos salarios, se empeñan diariamente por formar hombres y mujeres para los demás con una auténtica vocación de servicio. También es verdad que muchos de ellos no son reconocidos porque, para algunos padres de familia y para los mismos jóvenes estos profesores son “los exigentes”, “los que los hacen sufrir” o a quienes hay que tener miedo porque saben que no se prestarán a ninguna componenda en tiempo de evaluaciones y exámenes. Muchos de estos verdaderos apóstoles de la vocación a la enseñanza se encuentran cansados, desilusionados y tal vez hasta frustrados ante la constatación de que su misión no es del todo respetada y, mucho menos valorada y agradecida.

      Sería comprensible que algunos de estos profesores, ante la magnitud de la tarea y el poco reconocimiento a su trabajo exclamasen como Moisés: “Yo no puedo soportar solo a este pueblo. Me pesa demasiado” (Num 11,14). Y ¿cómo no estarlo cuando ahora se acusa al verdadero maestro que trabaja, que exige, que respeta al alumno? ¿Cómo no sentirse frustrado cuando otros reciben un salario que no han devengado? ¿Cómo no sentir hasta una poca de vergüenza al sentirse llamado “maestro” cuando esta palabra ha llegado a ser sinónimo de impunidad, de salvajismo, de anarquía y falta de respeto a los demás? ¿Cómo educar cuando los más jóvenes viven inmersos en su mundo de redes sociales y juegos informáticos? Tristemente, uno se siente bloqueado ante los innumerables obstáculos que se presentan hoy para la misión de educar en medio de una sociedad permisiva o lo que tal vez sea peor, ante jóvenes sin ideales con el solo deseo de divertirse, de buscar el placer por el placer y encerrados en cápsulas herméticas de individualismo.

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JAIME EMILIO GONZÁLEZ MAGAÑA

RP Jaime Emilio González Magaña, sacerdote jesuita que radica en Roma.

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