Regreso de la Guelaguetza, tras 2 años de silencio

Los asistentes fueron testigos de una ofrenda materializada en bailes, música, identidad y tradición que entregaron las 13 delegaciones originarias de las ocho regiones del estado en este 90 aniversario de la fiesta más grande de Oaxaca

Oaxaca de Juárez.— El grito de más de 12 mil personas estalló al mismo tiempo en aplausos que terminaron de golpe con un silencio impuesto que se extendió por casi tres años. Luego de días de duelo, la fiesta más grande regresó a Oaxaca, haciendo vibrar el corazón del Auditorio Guelaguetza

Al grito de: “¡Viva Oaxaca, viva la Guelaguetza!”, miles de asistentes fueron testigos de una ofrenda materializada en bailes, música, identidad y tradición que entregaron los integrantes de 13 delegaciones originarias de las ocho regiones del estado, con las que se llevó a cabo la primera función del Lunes del Cerro.

Fue con sus pasos y su baile que la Guelaguetza, considerada la fiesta étnica más grande de América Latina, cumplió 90 años, desde que comenzó en 1932 como un homenaje racial que nació para fomentar la unidad de los oaxaqueños luego de tiempos de devastación tras un terremoto, justo como ahora busca remendar el legado de las culturas vivas de Oaxaca tras la crisis por una pandemia, mientras suenan las notas de «Dios Nunca Muere», pieza considerada como el himno de los oaxaqueños. 

 “Visitantes nacionales y extranjeros, hermanos de las ocho regiones de Oaxaca, después de dos años volvemos a pisar este auditorio, regresan las chilenas, los jarabes y los sones… sean bienvenidos a la máxima fiesta de los oaxaqueños, la Guelaguetza”, dice con solemnidad Jacsenic Rodas, joven originaria de Santo Domingo Tehuantepec y elegida como la Diosa Centéotl 2022, divinidad agrícola a quien se le ofrecen los bailes que este día regresaron al Cerro del Fortín. 

En medio de la fiesta enmarcada por las notas de la Banda de Música del Estado, la delegación de las Chinas Oaxaqueñas, representantes de la capital de Oaxaca y anfitrionas de esta celebración, abrió la primera edición con Jarabe del Valle.

“Oaxaca está de fiesta, el auditorio vibra de orgullo y emoción al celebrar la grandeza de nuestras culturas originarias. Aquí demostramos que somos un pueblo grande y unido”, señaló el gobernador  Alejandro Murat Hinojosa, mientras participaba en la entrega de la Guelaguetza de las comunidades a los visitantes, consistente en una ofrenda de café, pan, artesanías, frutas, textiles y bebidas como el mezcal. 

Así desfilaron las notas de los fandangos de Loma Bonita, la tradición de las bodas de Santos Reyes Nopala, los sones mazatecos de Huautla de Jiménez, la solemnidad de la Canción Mixteca y el estallido de júbilo con los pasos de Flores de Piña, así como las chilenas de Pinotepa Nacional. 

Entre los invitados especiales figuraron los secretarios del gobierno federal, Víctor Villalobos y  Rocío Nahle, de Agricultura y Desarrollo Rural y de Energía,  así como la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado Pineda. Mientras que en la segunda edición la presencia de Salvador Cienfuegos Zepeda, extitular de la Secretaría de la Defensa Nacional durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. 

La fiesta también es protesta

Pero la fiesta también fue espacio de protesta. Así lo demostró María Elena Ríos, saxofonista oaxaqueña sobreviene de una intento de feminicidio mediante un ataque de ácido, quien en medio de la celebración de la edición vespertina extendió entre la multitud una manta con una sentencia que resume el dolor de las 78 mujeres que han asesinado en la entidad sólo en lo que va de 2022 y que reza de forma breve y contundente: Oaxaca feminicida.  

Momentos después de la protesta, las dos mujeres fueron desalojadas por elementos de seguridad del auditorio, quienes arrebatan a jalones la tela y se la llevaron, para posteriormente escoltar a la saxofononista ya su hermana hasta la salida.

La activista denunció que fueron más de 100 policías los que participaron en su expulsión de la Guelaguetza, acusando que se frenó su libertad de expresión: “ojalá así hicieran con mi agresor Juan Antonio Vera Hernández”, señaló la joven, quien acusó al gobierno estatal de no hacer lo suficiente para conseguir la captura de su agresor, pues afirmó que tiene compadrazgos con personas en el poder.

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