JEAN MEYER // Sequía y seguridad nacional

El decreto recién promulgado que transfiere la gestión hidráulica en el Estado de Nuevo León al poder federal, tiene el mérito de llamar la atención sobre un problema universal que la ciudadanía debería tomar en serio: el agua. Actualmente la sequía flagela al mundo entero y los diluvios regionales no permiten olvidar que nuestro planeta tiene sed. En Francia el gobierno acaba de proclamar una emergencia casi nacional (90 departamentos afectados por sequía extrema. En Provenza no ha llovido desde Navidad). Semejante situación se encuentra en todos los continentes. Según los expertos, de ahora a 2030, las dos terceras partes de la humanidad sufrirán penuria hídrica; en muchas partes la situación es ya difícil, generando crisis y conflictos.

Cambio climático –es innegable– o no, la sequía es tan vieja como el mundo. Los que leen la Biblia recordarán el sueño de José en la historia de las siete vacas gordas, siete años de buenas lluvias, seguidas de siete vacas flacas que devoran a las gordas, siete años de sequía. Y el remedio que el sabio José propuso al faraón. Les remito a la Breve historia de la sequía en México de Enrique Florescano y Susan Swan. Menciona la prolongada sequía de 1935 y, si en 1936 llovió bien, el año siguiente una terrible sequía azotó al Norte, matando al ganado y acabando con el temporal; en 1938 se perdió la cosecha en Coahuila, Guerrero y Oaxaca, en 1939 en el Centro-Sur, el Norte y la Laguna, con gran mortandad del ganado. El ciclo malo concluyó en 1944. Luis González, historiador con experiencia ranchera, decía que los ciclos duran más o menos diez años. El ciclo bueno conoce sin embargo tres años malos: el ciclo malo tiene tres años medianos o buenos, dos mediocres y los demás van de malos a catastróficos. Con el cambio climático en curso, no podemos calcular, pero, según los expertos, lo peor está por venir. La presente sequía es muy intensa en nuestro país y sus efectos tanto más negativos cuanto los años inmediatamente anteriores han sido malos o muy secos. Actualmente, lo preocupante no es solo la insuficiencia de lluvias, sino el hecho que ningún sistema hidráulico se encuentra en el Nivel Máximo de Aguas Ordinarias y, en el mejor de los casos, las presas alcanzan el 60 por ciento de este nivel.

Ahora que el 80 por ciento de nuestra nación vive en ciudades y megalópolis, las cosas se van a poner, se ponen ya difíciles. Vean el consumo promedio mundial de agua: 4,150 litros por día y por persona. 150 litros para el baño y la cocina, el resto en nuestro consumo: los alimentos y todos los bienes que usamos, desde las lámparas, la computadora y el celular, hasta los pantalones de mezclilla. Todo implica consumo de agua, algo que olvidamos cuando compramos nuestros bienes de consumo. 70 por ciento del agua es para la agricultura, 20 por ciento para la industria, 10 por ciento para el uso doméstico.

65 por ciento de la humanidad vive ya en situación de “stress hídrico” (1,700m3 por cabeza y por año) o de penuria de agua (1,000m3), en un arco que va de Marruecos hasta las grandes llanuras del Norte de China. No hay que echarle toda la culpa al clima. Los cambios en las costumbres alimentarias pesan mucho al impulsar una agricultura de exportación masiva que toma su agua en las reservas fósiles: es el caso de Marruecos, del Medio oriente, de la India, China, los EEUU y ciertas regiones de México. Y las zonas tropicales con buenas lluvias (Brasil, Asia del Sur) destruyen sus bosques para fabricar aceite de palma o sembrar caña para elaborar biocarburante. Esto tiene dramáticas consecuencias ambientales y humanas, porque multiplica de manera exponencial el consumo de agua. La instalación de una cervecería o una fábrica de refresco puede ser una amenaza para toda la región.

Urge, tanto al nivel regional como al nivel mundial, encontrar soluciones concretas. Cada territorio debe tomar en cuenta racionalmente sus recursos, renunciar a ciertos usos y optar por otros menos exigentes. El agua debe volverse una preocupación nacional e internacional. Día 172 de la agresión rusa contra Ucrania.

Jean Meyer, historiador en el CIDE

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JEAN MEYER

Dr. Jean Meyer. Francés nacionalizado mexicano. Historiador. Licenciado en grado de doctor por la Universidad de la Sorbona. Profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) donde además fundó y dirigió la División de Historia.

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