Ante alta inflación, mexicanos priorizan la compra de alimentos

Por inflación, familias priorizan compra de productos de primera necesidad y dejan de lado la adquisición de otros artículos: expertos

Las familias se volvieron cautelosas y dan prioridad a la compra de productos de primera necesidad, sacrificando la adquisición de computadoras, vehículos y otros artículos de consumo discrecional a causa de la inflación y de su impacto en los salarios, así como el crédito caro, coincidieron analistas.

Mientras las ventas minoristas en total se redujeron 0.2% en noviembre frente a octubre pasado, los mexicanos consumieron 1% más abarrotes y alimentos, según la Encuesta Mensual sobre Empresas Comerciales (EMEC) del Inegi.

Las ventas minoristas de alimentos no crecían tanto en 20 meses, desde marzo de 2021, cuando aumentaron 5.5% al restar la inflación.

Los mexicanos también prefirieron los artículos para el cuidado de la salud, cuyo comercio se incrementó 0.6%, en lugar de bienes discrecionales como mobiliario, equipo y accesorios de cómputo y teléfonos, pues las ventas de estos productos se redujeron 4.3% y fue su segundo mes consecutivo a la baja.

El comercio de artículos para la decoración de interiores cayó 4.3% y significó la disminución más pronunciada en ocho meses, mientras que las ventas por internet retrocedieron 2.1% y ligaron dos meses en rojo.

El comercio de autos y camionetas sufrió una baja de 3.3% y se trata del peor resultado en casi tres años, de acuerdo con el sondeo del Inegi.

Los mexicanos están dándole prioridad a los bienes básicos, como la comida y artículos para el cuidado de la salud, señaló Luis Adrián Muñiz, subdirector de análisis económico de Vector Casa de Bolsa: “Hay una recomposición del gasto hacia el consumo de mercancías alimenticias, pues es la reacción natural ante una elevada inflación”.

La canasta de más de 100 tipos de alimentos del Inegi se encareció 12.8% el año pasado y fue la mayor alza desde 1998.

Muñiz relaciona las mayores ventas de alimentos con el flujo histórico de remesas, debido a que la gente que las recibe tiene una alta proporción marginal a consumir. En cambio, el comercio de autos y otros productos no esenciales se redujo por el menor crecimiento económico y el crédito caro, dados los ajustes a la principal tasa de interés del Banco de México (Banxico).

“En 2023 la va a pasar mal todo el consumo que no es de alimentos, como es el caso de las ventas de bienes duraderos y consumo discrecional”, dijo a EL UNIVERSAL.

El Buen Fin

Expertos de Banorte se dijeron sorprendidos por la caída que tuvieron las ventas por internet en noviembre, dado que originalmente pensaban que los mexicanos habían postergado sus compras en octubre, esperando los descuentos de El Buen Fin, campaña que se celebró del 18 al 21 de noviembre.

Desde su punto de vista, el consumo de los hogares sufre una mayor restricción presupuestaria que frenó el efecto positivo de los descuentos de temporada, debido a las mayores tasas de Banxico, presiones inflacionarias persistentes y la pérdida del poder de compra de los salarios reales.

En Banorte prevén que las ventas continuarán mostrando tasas negativas, pues usualmente los consumidores son más cautos al inicio de año, después de grandes gastos durante los feriados, sumado a una elevada inflación y más señales de un menor dinamismo económico.

La peor cuesta de enero desde 2001

La reciente encuesta de CitiBanamex señaló que los analistas proyectan una inflación de 7.9% en la primera mitad de enero.

De confirmarse esta expectativa, será la peor cuesta de enero desde 2001, cuando la carestía llegó a 8.4% durante la primera quincena de ese año. El Inegi dará a conocer los resultados el próximo martes.

Instituciones como J.P. Morgan e Invex anticipan una inflación de 8.1%, mientras que en el otro extremo, como el más optimista, aparece Morgan Stanley, con una proyección de 7.6%, según el sondeo de CitiBanamex.

El Banxico dijo que las presiones inflacionarias externas derivadas de la pandemia, los precios agropecuarios y energéticos, entre otros, son elementos que pueden impedir que el llamado impuesto de los pobres converja a su meta de 3% entre julio y septiembre de 2024.

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