Culiacanazo 2

Los mexicanos estamos esperando más del gobierno en el combate al crimen

Hay dos maneras de vivir, una es con un hampa crecida y una sociedad replegada, y la otra es con una sociedad crecida y un hampa replegada; y el que crea las condiciones para una u otra forma de vivir es el gobierno.

Por eso el juez italiano Giovanni Falcone nos decía 3 premisas fundamentales en su lucha contra la mafia siciliana: “el Estado tiene los medios para derrotar a la mafia”, “se equivocan quienes sostienen la tesis de que la mafia es hija del subdesarrollo, en realidad es hija del Estado corrupto”. Por eso, “la arrogancia de la mafia es directamente proporcional a la ausencia o la complicidad del Estado”.

En Sinaloa de manera histórica hemos padecido una mafia arrogante, pero después del culiacanazo de octubre 2019, cuando se ejecutó un operativo fallido para detener a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, y por órdenes directas del presidente López Obrador se vieron las fuerzas del orden en la necesidad de liberarlo porque se había desatado literalmente una guerra en la capital sinaloense, la arrogancia de “los chapitos” fue todavía mayor.

El clímax de la prepotencia fue la elección de 2021 cuando literalmente “la chapiza” se convirtió en operadora política de Morena, amenazando ciudadanos y candidatos para promover el voto a favor de la 4T.

En octubre de 2019 “los chapitos” colocaron al estado de rodillas cuando convirtieron a Culiacán en la ciudad del terror obligando al presidente a dar la orden de liberar a Ovidio Guzmán. Después de su liberación en 2019, Ovidio se perdió un tiempo de Culiacán a esperar a que se enfriaran un poco las cosas, pero después ya para la elección de gobernador en 2021, los empezamos a ver soberbios otra vez, estaban crecidos, hacían y deshacían en el control del territorio sinaloense.

Esto dejó en evidencia que cuando la presencia del Estado se debilita, los narcos se sienten seguros e impunes, ya que cuanto menor era el interés del gobierno federal por combatir al crimen organizado, más poder acumulaba la organización criminal sinaloense.

Ovidio se confió y se asentó en Jesús María, un poblado a 45 km al norte de Culiacán rumbo a la presa López Mateos, y se convirtió en el benefactor de la población.

El pasado 5 de enero se efectuó un nuevo operativo para capturar al hijo del Chapo, ahora sí se realizó con la cabeza y no con las patas como el anterior. Esta operación exitosa se ejecutó en la madrugada y no a mediodía, se le detuvo en una población rural, y no en el centro de la capital, se desplegó fuerza táctica y no se improvisó, y se extrajo al objetivo de manera expedita del territorio sinaloense para evitar nuevamente el chantaje.

La detención de Ovidio y su encarcelamiento para ser llevado a juicio, ya sea en México o extraditado, les quita a los cárteles de la droga su aura de impunidad e imbatibilidad, demostrando su vulnerabilidad; porque las leyes no sirven si no cuentan con el soporte de una voluntad firme y precisa, y con instituciones dotadas de hombres honestos, valientes y calificados profesionalmente.

Este éxito operativo contra el cártel de Sinaloa debe ser una lección para la autoridad federal y el presidente López para que entiendan que siempre se puede hacer algo más y mejor, que la mafia puede ser llevada a tribunales y condenada, y que entiendan los mafiosos que Sinaloa y México no son el patio de su casa.

Presidente, los sinaloenses y los mexicanos estamos esperando más de su gobierno en el combate al crimen organizado… ¡y los gringos también!
 

Ingeniero industrial y empresario

(El Universal)
 

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