LORENZO MEYER // El ejército y los silencios sonoros

AGENDA CIUDADANA

No abundan las publicaciones sobre la vida y la política del ejército mexicano vistas desde dentro. Por ello es muy útil examinar con detalle el libro de Juan Veledíaz, Un general sin memoria. Una crónica de los silencios del ejército mexicano, (Debate, 2010).

Un general sin memoria es en realidad una memoria bien hilvanada por Veledíaz a partir de un manuscrito inédito del general de división Salvador Rangel Medina (SRM), complementado con documentos de archivo y entrevistas. Y efectivamente, en ella hay un silencio estruendoso: el papel del ejército en Guerrero durante los años de la “guerra sucia”, años en que, formalmente SRM estuvo al mando de las fuerzas asignadas a ese estado, pero las operaciones para eliminar a las guerrillas organizadas por los profesores Genaro Vázquez y Lucio Cabañas las dirigió Sedena desde la Ciudad de México y con mandos que no respondían a SRM.

El general nació en San Luis Potosí (1913) donde su padre era empleado postal y a los 17 años (1930) logró ingresar al Colegio Militar y quedó adscrito al arma de infantería. SRM alcanzó el grado de divisionario y se retiró en 1979. Su carrera de casi medio siglo se desarrolló dentro del marco de un régimen autoritario, de partido de Estado y donde el ejército invariablemente se desempeñó como el “cuarto sector” del PRI pese a que formalmente había dejado de serlo desde los 1940.

Para entender la visión del general sobre el ejército y el país de la época se debe partir de su decisión de optar por los ascensos por la vía no del escritorio sino del desempeño al frente de batallones, zonas y regiones militares.

Ante la posibilidad del uso directo de la “fuerza legítima” del Estado para resolver problemas de orden público el general siempre intentó primero la solución negociada como fue la desmovilización de la pequeña guerrilla de Rubén Jaramillo o el arreglo de conflictos entre civiles -grupos de estudiantes o taxistas y autoridades locales- pero igualmente contribuyó a imponer la voluntad presidencial sobre movimientos sindicales -petroleros o ferrocarrileros- y eliminar grupos criminales en el campo. En general el general se vio a sí mismo como un negociador de inconformidades y sólo en última instancia como instrumento de la violencia del Estado.

La parte medular de las memorias de SRM, la del silencio estruendoso, es la que omite abordar los años de la “pacificación violenta” de la zona donde operaban las guerrillas de los profesores Vázquez y Cabañas en Guerrero. Lo que implica la narrativa de Veledíaz es que la relación de SRM -un general ya con mucho prestigio dentro del ejército- y su superior jerárquico inmediato -el secretario de la Sedena -Hermenegildo Cuenca Díaz-, que no era buena, empeoró por la forma en que desde la Ciudad de México se decidió exterminar a las guerrillas, es decir, mediante la “guerra sucia”. Formalmente y por decisión presidencial se mantuvo a SRM al frente de las tropas en Guerrero pero se generó un mando paralelo que siguió las órdenes y plan de la Sedena y se empleó la violencia extrema e indiscriminada sobre la población civil para cortar de raíz su apoyo a la guerrilla. La tesis de Veledíaz es la de una insubordinación tácita de SRM frente al Secretario de la Defensa por no aceptar una táctica que implicaban la violación sistemática de los derechos humanos de guerrilleros y civiles. La táctica y sus efectos han quedado bien expuestos por Carlos Montemayor en Guerra en el Paraíso (1997) y en el informe de la Comisión de la Verdad del Estado de Guerrero, (2014).

Es comprensible que por lealtad al ejército el manuscrito de SRM -que no gustó a Sedena- soslayara el tema de la “guerra sucia” y se archivara, pero hoy es claro que en un México democrático y para evitar la repetición del uso del ejército como brazo armado del autoritarismo, y por el bien de las propias fuerzas armadas, los generales del presente preserven su memoria y la den a conocer en lo positivo y negativo al mundo civil.

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LORENZO MEYER

Dr. Lorenzo Meyer. Historiador. Investigador del Colegio de México en Ciudad de México. Premio nacional de periodismo. 

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