SILVIO MALDONADO B. // Tres tías inolvidables

LA TÍA TENCHA

Me contaba la tía Tencha –Hortencia Valadez de Zinzún-  que cien años no es nada, porque, asegura que… “No me costó ningún trabajo llegar a esta edad”.

La tía Tencha me decía que cumpliría 102 años en abril del año dos mil dos -“Si Dios quiere”-; no titubeaba en agregar.

Cualquiera diría que, a más de un siglo de existir, la tía Tencha vive triste o aplatanada; ¡nada de eso!; cuando se habla con ella, esta menudita dama, de mente lúcida, palabra fácil y excelente conversadora, brota inmediatamente la impresión de una gran señora plena de alegría y felicidad. Su brillante memoria le permite matizar la plática con un sin fin de anécdotas, graficadas con datos y fechas. Sus ojos reflejan aún el brillo que lucieran en su juventud.

La tía Tencha se define como una persona querida por Dios, de quien ha recibido dones innumerables y valiosos; entre ellos, califica a su salud como lo más importante. Cabría esperar que la tía Tencha nos recomendara tal o cual receta para llegar en envidiadas condiciones a la edad centenaria, pero no; si acaso atribuye su buena condición física a la inveterada costumbre de caminar mucho.

La tía Tencha dice que le gustan, y goza a plenitud, las tardes bohemias, en las que suele echarse uno que otro traguito del sabrosísimo tequila con su infaltable sangrita, o con sal y limón, haciendo huequito en la mano izquierda para depositar el cloruro de sodio. Su dieta no es muy abundante, pero relata que siempre ha sido de poco comer, independientemente, de que jamás estuvo excedida de peso ni se tuvo que sujetar a dietas reduccionistas.

La tía Tencha nació el 20 de abril de 1899 en Villaflores del Oro, Mich… “Entré gateando al siglo XX”. “Me ha tocado los principales acontecimientos: la primera y la segunda guerra mundial. Cuando la primera, vivía en Estados Unidos y todavía no me casaba”. De la Revolución, cuenta que fue para ella como parte de un juego de infancia; y agrega que al terminar los enfrentamientos salía con sus hermanos a juntar casquillos. Recuerda también el día en que vitorearon a Charles Lindberg en su visita a la ciudad de México, después de la increíble hazaña del Atlántico en el Espíritu de San Luis: “Patinando fuimos a darle la bienvenida; había mucha gente y un grupo de muchachas lo seguimos sobre los patines y después nos enteramos de cuándo y cómo renegó de su país y se fue a vivir a Inglaterra; habían matado a su hijo; no podía entender que hubieran hecho eso con su hijo”.

La tía Tencha platicaba: “A mí me tocó iluminarme con velas, después con lámparas de petróleo, de ahí siguieron los focos aquellos de gas, hasta que llegó la energía eléctrica”. “Yo siempre he tomado las cosas con naturalidad, el mundo tiene que ir cambiando, surgiendo nuevas cosas”.

Luego rememoraba sus viajes en carretas, al principiar el siglo; los primeros automóviles, y la velocidad de los aviones. Cuando se le preguntaba sobre el viaje a la Luna, contestaba con firmeza y seguridad:

“Fue emocionante, pero después cuando empezaron dizque a vender terrenos en la Luna yo me preguntaba: ¿para qué? Si todavía no conocen lo que hay aquí en la Tierra, si además para ir allá hay que llevar su propio oxígeno. ¿Qué caso tiene comprarlos?, primero hay que disfrutar lo que se tiene aquí”. 

La tía Tencha no dudaba en recomendar la fórmula que a ella le había dado resultados: “nunca deprimirse”; “cuando no puedan tener algo, piensen que ya lo tuvieron o que más adelante lo van a tener, pero no permitan que eso los amargue”.

Tajante y enfática señalaba: “En mi vida he sido muy feliz, hace casi cincuenta años que estoy viuda y alguna vez me preguntaron por qué no me volví a casar. La respuesta es simple:”

“Porque no encontré otro marido como el que había tenido. Fue un hombre sin egoísmos, cada año me enviaba a visitar a mi familia a México”.

Fue en Arizona cuando lo conocí. Él era empleado de lo que fue la Comisión de La Moneda, que más tarde se convertiría en Banco de México. También fue pionero del cine mexicano. Tan importante fue su trabajo en el nacimiento del cine nacional, que la Universidad de Villa Flores está realizando una recopilación de los principales acontecimientos fílmicos en los que participó: uno de ellos, la fundación de los estudios Churubusco en 1937. Mi marido no pudo continuar su brillante carrera: murió en 1943.

La tía Tencha sigue, ahora con otras reflexiones: “He vivido todas las emociones, por eso ya casi nada me sorprende. Todos los asesinatos después de la Revolución me tocaron a mí”. Acerca de su edad comenta que cuando iba a cumplir cien años le rogaba a Dios que la dejara llegar a esa edad: “Tenía ganas de celebrar, de vivir el festejo”. Ahora ambiciona más años: “Ahora estoy pidiendo llegar a los 105 años; si Dios quiere, en agosto voy a cumplir 102, y como estoy bien, no tengo enfermedades. En general he sido muy sana”.

La tía Tencha no cumplió ciento cinco años, se fue antes de llegar a los ciento tres; eso sí, en su cara pálida y fría lucía una sonrisa que denotaba la satisfacción de haber vivido a plenitud los años que Dios le permitió.

Ojalá que alguna vez alguien se anime a contar sus memorias; sería interesante tener una versión directa y personal de lo que fue su paso por los tres siglos: el primero, el mismito al que llegó a gatas, partiendo del XIX; y al que dejó para llegar al XXI, y convertirse en una de las pocas mujeres, mujer desprendida de los cuentos, al pocas y pocos pueden presumir de haber andado los caminos del mundo; los caminos de tres siglos consecutivos.

¡Que Dios tenga en su santa gloria a la increíble y sorprendente tía Tencha!

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SILVIO MALDONADO BATUISTA

Silvio Maldonado Bautista. Dr. en Medicina por el IPN. Novelista. Director emérito del CIIDIR (Poner el nombre completo). Radica en Morelia, Michoacán.

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