JEAN MEYER // Los “justos” russes

Hace poco cité al sociólogo ruso Lev Gudkov que señalaba “la falta de conmiseración, de empatía” de sus conciudadanos para con los ucranianos víctimas de la agresión decidida por el presidente Putin. Hablaba de la mayoría y precisaba que la minoría opuesta a la guerra sabe que una protesta abierta lleva a “la exclusión social total”. En Ucrania y en Europa mucha gente se pregunta por qué no hay manifestaciones contra la guerra, olvidando la realidad de la represión y del miedo justificado que inspira. Imposible conocer el número de presos políticos en Rusia, pero son muchos y el destino del valiente Alexander Navalny, sometido a duros maltratos en una cárcel especialmente dura, es muy conocido: “al buen entendedor, pocas palabras”.

La falta de entusiasmo por la guerra se manifestó claramente cuando, en octubre del año pasado, el presidente Putin ordenó la movilización de 200,000 hombres: los que podían votaron con los pies, tomando rápidamente el camino del exilio. A los demás, no les quedó más que resignarse.

Los pocos que no se resignan merecen el título de “justos”; esa distinción se otorgó a los no judíos que, durante la segunda guerra mundial, a la hora del genocidio perpetrado por los nazis, salvaron a judíos del peligro de su vida. Hoy, los “justos” rusos no salvan a ucranianos, pero salvan el honor de su gran nación, al peligro de su libertad. Contaré algunos casos de heroísmo documentados en el sitio de Forum 18 (f18news-weekly@forum18.org) un sitio dedicado desde hace muchos años a la defensa de la libertad religiosa.

Desde el inicio de la Operación Militar Especial, el gobierno ruso ha dictado una serie de leyes y decretos represivos para impedir cualquier tipo de protesta y manifestación contra la “guerra”, palabra prohibida cuyo solo uso puede costar mucho, en dinero y tiempo en la cárcel. Por ejemplo: “Acciones públicas para desacreditar el uso de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia”:  repartir pegatinas con lemas religiosos y pacifistas es considerado por los tribunales como delito señalado por esa ley. Lo comprobó Yekaterina V. Kurkharskaya quien pegó etiquetas en la ciudad de Petrozavodsk, en el noroeste de Rusia. Decían: No a la guerra. No matarás. Matar es malo.

Pavel D. Kichula, diácono ortodoxo en Vyazma, fue condenado, como Yekaterina, por el mismo delito. El domingo de Resurrección próximo pasado, Mariya A. Kunchenko se paró en el Puente de Piedra de Moscú con una hoja que decía “Paren la guerra. Libertad para los presos políticos”. Antes de subir a la julia, alcanzó a decir a los periodistas que había venido a despertar a la gente, a llamarlos a todos a manifestar su desacuerdo, a no callar, a no huir al extranjero, sino a luchar por la Patria. Y concluyó: “Jesucristo dijo ‘quién salve su vida (en ruso, dusha, alma) la perderá, y quien la pierde por mí, la salvará’”. El veredicto del tribunal de Tver precisa: “La señora M. A. Kunchenko ostentó un poster con contenido contra la guerra, llamando la atención de una cantidad ilimitada de gente, así como de los medios. El contenido de esa agitación visual manifiesta claramente una actitud negativa hacía el uso de las FFAA de la Federación de Rusia cuando protegen los intereses de la Federación de Rusia y de sus ciudadanos y mantienen la paz y la seguridad internacional…”

El P. Ioann Burdin, de la diócesis de Kostroma del Patriarcado de Moscú, fue el primer condenado por haber criticado, en misa, la invasión de Ucrania sobre el tema del sexto mandamiento: “No matarás”. Falta espacio para mencionar otros sacerdotes y religiosos que se atrevieron a romper el silencio. Hay que saber que pararse en la calle enseñando una hoja en blanco es un delito, porque la policía interpreta correctamente el significado.

Hasta principios de junio 2023 se dieron 584 procesos bajo ese rubro “criminal” y la policía inició 6,839 casos bajo otras rúbricas del Código administrativo. Entre el 24 de febrero de 2022 y el 21 de mayo 2023, 19,718 personas fueron detenidas por haber protestado contra la invasión de Ucrania y la “movilización parcial”. Algún día la historia recordará a esos justos.

Historiador en el CIDE

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JEAN MEYER

Dr. Jean Meyer. Francés nacionalizado mexicano. Historiador. Licenciado en grado de doctor por la Universidad de la Sorbona. Profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) donde además fundó y dirigió la División de Historia.

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