Una reflexión sobre la persecución de los cristianos en la actualidad

En esta entrega, no presentamos noticias que acaparen los titulares de los grandes medios. Sin embargo, me resulta esencial poner de relieve las persecuciones y ataques que enfrenta la Iglesia en la actualidad, estos continúan incrementándose. Se trata de noticias y situaciones trágicas que causan perplejidad.

Ariel Beramendi

(ZENIT Noticias / Roma).- Hemos superado la mitad de agosto y aún resistimos a las implacables olas de calor. A pesar de ello, en las callejuelas empedradas cercanas al Vaticano se avistan sacerdotes y turistas, cuyo número continúa en aumento, desafiando el agobiante clima.

En esta entrega, no presentamos noticias que acaparen los titulares de los grandes medios. Sin embargo, me resulta esencial poner de relieve las persecuciones y ataques que enfrenta la Iglesia en la actualidad, estos continúan incrementándose. Se trata de noticias y situaciones trágicas que causan perplejidad.

Un ejemplo concreto es el caso del obispo nicaragüense Rolando Álvarez, quien ya ha pasado un año tras las rejas por expresar su oposición al régimen orteguista. Desde hace más de un mes, no tenemos noticias suyas y organismos internacionales demandan pruebas de vida. La semana pasada, este régimen totalitario confiscó todos los bienes de la Universidad Católica, dirigida por los Jesuitas de Nicaragua. Desde Roma, el padre Arturo Sosa, Superior General de la Compañía de Jesús, emitió una carta rechazando las infundadas acusaciones y expresando su pesar por el complot tramado para asfixiar y apoderarse de instituciones de la sociedad civil.

En otros continentes, como lo acontecido en Pakistán esta semana, observamos otro tipo de persecuciones. La semana pasada grupos islamistas han destruido 21 iglesias cristianas y al menos 100 hogares de cristianos fueron incendiados, con el pretexto de la ley de blasfemia que es utilizada como herramienta intimidatoria y agresiva contra las minorías religiosas. Lo mismo sucede en las comunidades cristianas en Myanmar que viven con el miedo de ser agredidos o que se queme sus iglesias.

En Europa, como es ampliamente conocido, los misiles rusos han comenzado a devastar catedrales e iglesias ortodoxas, en medio de un conflicto que ha cobrado la vida de más de 500,000 soldados ucranianos y rusos, según informa el New York Times, citando fuentes estadounidenses.

Esta es la realidad que enfrentamos. ¿Cómo responder? Mi respuesta es: convertirnos en agentes de paz dondequiera que estemos.

El Papa, en cada oportunidad que se presenta, insta públicamente a buscar vías de solución a la violencia. Además, lejos de los reflectores mediáticos, la maquinaria diplomática del Vaticano trabaja en silencio. Es así que el Secretario de Estado, cardenal Parolín, visitó Sudán del Sur del 14 al 17 de agosto para fomentar procesos de paz y reconciliación.

El cardenal Zuppi, quien hace poco estuvo en una misión para mediar en el conflicto ucraniano, ha afirmado estos días, en el congreso de Comunión y Liberación, que la Unión Europea está haciendo muy poco y debería hacer mucho más. Concretamente dijo: «Debe esforzarse por todas las vías en apoyar iniciativas de paz, siguiendo la invitación del Papa Francisco a promover una paz creativa».

Postdata:

Concluimos esta entrega con una noticia reciente sobre el Papa Francisco, quien en una audiencia con abogados informó que está trabajando en una segunda parte de la encíclica social «Laudato Si«. Un documento pontificio que en 2015 sintetizó su perspectiva sobre los temas sociales y la ecología integral y que, según el Papa, requiere una actualización.

Ariel Beramendi es sacerdote y vive en Roma.

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