JEAN MEYER // Hamas, Israel y Rusia

Con este quinto capítulo de la tragedia que opone a dos pueblos en una misma tierra, tragedia que empezó a finales del siglo XIX y que va para largo, cincuenta años después de la sorpresa de Kippur 1973, hemos entrado en un túnel muy oscuro, en un periodo que no permite pronóstico alguno. Lo que me llama la atención, a diferencia de muchos observadores, es que los dirigentes rusos y los medios de comunicación de Rusia han optado abiertamente a favor de Hamas y no han manifestado la menor compasión para las víctimas israelíes. El de la pluma se ha fijado con cierta sorpresa inicial en ese fenómeno, porque sigue en la actualidad rusa y no olvida a los cien mil armenios expulsados de su Alto Karabakh (Artsaj) ancestral; tampoco olvida la guerra rusa contra Ucrania, de repente borrada de las pantallas, por lo que pasa en la Tierra Santa de las tres religiones monoteístas.

Rusia tiene su papel en ese Octubre Negro de Israel y Gaza. Moscú ha mantenido viejas y buenas relaciones con Hamas y Hezbollah y se ha negado siempre a catalogar esas organizaciones como terroristas. El Kremlin tiene también buenas relaciones, cada día más estrechas desde que empezó su agresión contra Kyiv, con Teherán y Damasco, padrinos de Hamas y Hezbollah. Hay que saber que desde los años 1960, en el marco de la guerra fría, la URSS apoyaba a los terrorismos palestinos. Una continuidad histórica que el presidente Vladímir Putin nos había hecho olvidar, con sus buenas relaciones personales con el funesto dirigente israelí, Benjamín Netanyahu, y su denuncia del antisemitismo. Tan es así que el gobierno israelí es el único del “Occidente” a no haber condenado la agresión rusa contra Ucrania y a no haber aplicado sanciones económicas contra Moscú.

A partir del sábado 7 de octubre, con la ofensiva “Diluvio Al-Aksa” desatada por Hamas, Putin tuvo que abandonar su baile simultaneo en dos pistas y se quitó la máscara. Su alianza tan provechosa con un Irán, que abastece al ejército ruso con sus drones Shahed, lo empuja lógicamente a distanciarse abiertamente de un Israel apoyado por Estados Unidos. Una guerra ahora, que implica a Israel, es puro beneficio para Moscú porque distrae la opinión mundial de lo que pasa en Ucrania, contribuye al alza de precios de los hidrocarburos y frena el apoyo de Occidente al ejército ucraniano.

Hasta el momento no hay pruebas de que el Kremlin hubiese activamente apoyado la preparación del asalto de Hamas; tampoco hay pruebas de una implicación directa de Irán. Pero ambos gobiernos siguen la misma línea. Vladímir Putin compara el sitio de Gaza con el mortífero sitio de Leningrado invadido por los nazis, durante la segunda guerra mundial. Si uno recuerda que Putin y los suyos acusan al gobierno de Kyiv de ser “neo-nazi” y al pueblo de Ucrania de ser “ucronazi”, se entiende que ahora el presidente ruso compara a los israelíes con los nazis. Ese nuevo discurso sobre Israel es muy peligroso. Ya despertó a los viejos demonios del antisemitismo en Rusia.

Se vale evaluar las dimensiones geopolíticas de la crisis, sin poder emitir previsión alguna en cuanto a lo que sigue. 1- Las acciones militar-terroristas de Hamas contra Israel (¿Entrará seriamente en el baile Hezbollah?) sirven los intereses de Rusia, Irán y Siria. 2- Esa triada invoca la lucha “anti- hegemónica” y “a favor de un mundo plural” que la reúne con China y algunos otros países. Irán, que no ha renunciado a su ambición de dominar al Medio Oriente, espera que la crisis actual arruine el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Arabia saudita e Israel. Su amistad con Moscú remonta a los años 1990 y ha sido puesta en práctica en Siria, con la intervención conjunta ruso-iraní, para salvar a su cliente Bashar el Assad. Desde 2015 se puede hablar de un eje Moscú-Damasco-Teherán.

En kilómetros cuadrados, en número de habitantes, Israel y Palestina no pesan mucho. Sin embargo, pueden detonar un conflicto de dimensiones incalculables. “Nudo gordiano”, “falla tectónica”, son varias las metáforas que evocan la posible catástrofe.

Historiador en el CIDE

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JEAN MEYER

Dr. Jean Meyer. Francés nacionalizado mexicano. Historiador. Licenciado en grado de doctor por la Universidad de la Sorbona. Profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) donde además fundó y dirigió la División de Historia.

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