La resiliencia política de las bases populares

Frei Betto
Brasil
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La historia de América Latina, como dijo Eduardo Galeano, se escribió con la sangre derramada por las venas abiertas de sus pueblos. Es una historia de resiliencia, desde la resistencia indígena a la colonización, pasando por la rebelión de los africanos traídos como esclavos al continente, hasta las luchas por la independencia y la soberanía. Luchas de resistencia y conquistas que la clase dominante se empeña en ocultar, como la Revolución Haitiana (1791-1804), que culminó con su independencia.

Muchos libros de texto ignoran las rebeliones y revoluciones, y siguen nombrando a la invasión colonialista, promovida por países europeos (España, Portugal, Inglaterra, Holanda, etc.) como “descubrimiento”, en un intento de encubrir el carácter genocida de la actividad colonizadora y esclavista. En “La ideología alemana”, Marx y Engels escriben que “las ideas de la clase dominante son, en cada época, las ideas predominantes, es decir, la clase que constituye la fuerza material dominante de la sociedad es, al mismo tiempo, su fuerza espiritual dominante”. Como subraya el axioma africano, sólo conocemos la versión del cazador, porque nunca hemos escuchado la versión del león.

La reducida divulgación del arte y la literatura producida por los pueblos oprimidos (indígenas, quilombolas, campesinos, obreros, prostitutas, presos comunes, etc.) se debe al elitismo de nuestras universidades acomplejadas frente a las academias de USA y Europa. Los cursos de extensión universitaria rara vez tienen como objetivo la actitud de escuchar e investigar junto a los segmentos subyugados, sujetos a todo tipo de prejuicios, discriminaciones y ofensas. ¿Qué se sabe de la política indígena, de la historia de los quilombos, del arte de las mujeres recolectoras de frutos, del dolor de los que sufren olvidados en las cárceles?

Sin embargo, esa gente resiste. Y, afortunadamente, a veces encuentran a alguien que les da voz y espacio, como tantos escritores, artistas e LA RESILIENCIA POLÍTICA DE LAS BASES POPULARES Frei Betto Brasil Librería virtual: freibetto.org intelectuales, que expresan en sus obras y textos el dolor de los oprimidos.

La resiliencia de las bases populares se expresa de diversas formas. Se da espontáneamente, como un combustible que impregna el tejido social y, de repente, un hecho, un incidente, un líder, tira un fósforo encendido, como le ocurrió a George Floyd, en EE. UU. Se da de forma organizada, a través de movimientos, asociaciones y partidos progresistas, de izquierda o revolucionarios. Acontece también por la ruptura del orden jurídico, motivada por el imperativo de supervivencia: saqueos, ocupaciones de tierras y viviendas, e incluso por la criminalidad, especialmente el narcotráfico, cuyo producto más sofisticado generado en América Latina, la cocaína, es ampliamente consumido por los segmentos acaudalados de EE. UU. y Europa.

Pero, ¿de qué sirve que el obrero rompa las máquinas de la fábrica para vengarse del patrón?, se pregunta Marx en las páginas de “El Capital”. La contradicción, tan objetiva y consagrada por las estructuras del capitalismo, sólo puede ser superada de una manera, y de manera subjetiva: la formación de la conciencia de clase, identidad étnica y de género. Este es el punto central.

Sin embargo, a lo largo del siglo XX, la izquierda latinoamericana, que había tomado conciencia del tema -gracias a la literatura marxista y a las revoluciones rusa, china y cubana- convirtió a los pequeños burgueses en portadores del pensamiento crítico junto a los oprimidos. De ahí la dificultad de generar procesos liberadores de carácter inductivo, salvo las guerras anticolonialistas y las revoluciones de Cuba y Nicaragua, que tuvieron un carácter antidictatorial y emancipador en el país. No se libera a un pueblo. Es el pueblo el que se libera.

Este proceso inductivo de resiliencia popular, impregnado de conciencia de clase, encontró su formulador pedagógico en Paulo Freire, aunque José Martí ya había arrojado luz al respecto. Pero fue con el surgimiento de herramientas de lucha forjadas por los propios oprimidos, como el PT en Brasil, los zapatistas en México y los indígenas en Bolivia, que efectivamente el proceso se dio de abajo hacia arriba, aunque no fuera de forma lineal. Los oprimidos se descubrieron a sí mismos como protagonistas políticos.

Sin embargo, hubo un impase cuando estas fuerzas populares lograron elegir, según las reglas de la democracia burguesa, presidentes supuestamente identificados con las aspiraciones de los oprimidos y excluidos. En la práctica, a estos gobiernos progresistas les resultó difícil ser fieles a las demandas indígenas, quilombolas, sin tierra, sin hogar, etc. No implementaron reformas estructurales profundas. No lograron reforzar los movimientos populares. No promovieron la educación política del pueblo. Y dejaron de hacerlo en nombre de una política que, atenta al poder de las élites, buscaba caminar sobre huevos sin romperlos.

El resultado fue ampliar la brecha entre los gobiernos progresistas y las bases populares. Ninguno de esos gobiernos se atrevió a confiar plenamente en la resiliencia de los oprimidos y reforzar sus recursos de lucha. Fracasó el intento de reducir los privilegios de los ricos sin avivar el odio latente de la clase dominante. Se pensó que, limando los dientes del tigre, se reduciría su agresividad natural…

Así pues, la historia reciente demuestra que es ilusorio establecer una alianza de clases. La derecha actúa por intereses; la izquierda, por principios. Son lenguajes incompatibles, antagónicos. Esto no significa ignorar el poder de las élites o tratarlo con armas de combate frontal. No hay que subestimar la fuerza del enemigo. Pero sólo habrá liberación si en las agendas políticas de la izquierda, esté o no en los órganos de gobierno, la prioridad recae en fortalecer la conciencia, organización y movilización de los movimientos populares, identitarios y socioambientales. Todo lo demás es ser rehenes de la fantasiosa lógica socialdemócrata de que es posible reformar el capitalismo sin, por otro lado, querer enterrarlo.

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