FRANCISCO MARTÍNEZ // Nuestra Iglesia diocesana… ¡en deuda!

Todo idioma se halla constituido por un sistema de signos orales que los seres humanos utilizamos para comunicarnos entre nosotros. Refiere, por tanto, toda una organización sistemática de estructuras lingüísticas. A lo que hay que sumar la escritura y la señalética como derivaciones suyas. Ventana de la cultura, el idioma constituye un vehículo esencial para asomarse a la cosmovisión de sus hablantes. Y habiendo tantos y tan diversos idiomas, el multilingüismo no sólo favorece el intercambio sociocultural, sino que favorece el acceso a concepciones exógenas.

         De ahí que en México la Constitución dictamine que el Estado, a través de sus tres órdenes de gobierno, tenga la obligación de reconocer, proteger y promover la preservación, el desarrollo y el uso de las lenguas nacionales (Art. 5), así como de garantizar el derecho de cada ciudadano a comunicarse y ser escuchado -y educado- de manera oral y escrita en su idioma materno. Y poder utilizarlo en cualquiera de sus actividades socioeconómicas, políticas, religiosas y culturales, (Art. 9).

         Por eso el pasado 21 de febrero, Día Internacional de la Lengua Materna, se tomó como tema central la “Educación multilingüe: pilar del aprendizaje intergeneracional”. Lo que implica salvaguardar, a toda costa y de urgente manera, la diversidad lingüística, representada en nuestra por 291 lenguas.

         Con una enorme disparidad: 93% de la población habla el castellano (circa 118 millones) y 290 lenguas distintas el 7% (circa 12 millones). Ejemplificando, sólo 48 personas en Atzingo hablan el matlatzinca; el tepehua del suroeste, 8,187; en nuestro estado, 118 mil el p’urhépecha… En ese sentido, los artículos 5 y 7 de nuestra Constitución, al menos a la letra, les hacen justicia.

         Justicia que, por desgracia, no hace en su trato ordinario y/o en sus actividades pastorales, notariales y actos cúlticos, ni de jure ni de facto, al pueblo p’urhépecha, nuestra diocesana Iglesia. Queda como deuda, antes de que sea demasiado tarde, que cada parroquia y cada sacerdote reconozca y asuma la lengua materna como un elemento esencial para el anuncio de la Buena Nueva. 

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FRANCISCO MARTÍNEZ GARCIÁN

Estudió Filosofía y Teología, en el Seminario Diocesano de Zamora, Historia en la Normal Superior Nueva Galicia de Guadalajara y fundador de la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán.

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