Días de oscurantismo y supercherías

Alfonso Zárate

A mi querida María Amparo Casar, por su valentía para poner los puntos sobre las íes.

El país vive un tiempo convulso. La violencia delincuencial alcanza niveles de barbarie que no habíamos conocido y ante esa realidad el presidente que según pregona se guía por el Nuevo, no por el Antiguo Testamento, propone perdón y olvido y dice que a los criminales hay que darles abrazos, no balazos.

La Santa Muerte es una imagen siniestra, una figura que ha sido encontrada en altares de criminales que la invocan para que los proteja y les dé la fuerza necesaria para castigar a sus enemigos. La idea de fabricar y difundir a través de las redes de Morena una playera con esa imagen y una leyenda que dice: “Un hombre verdadero no habla mal de López Obrador”, más que una chacota, porta un mensaje intimidatorio, lúgubre.

Además de la difusión de la camiseta a través de las redes de Morena, Jenaro Villamil, titular del Sistema Público de Radiodifusión (SPR), divulgó un video en el que la lleva puesta al tiempo que dice: “un verdadero hombre debería tener siempre esta playera”. ¿Se trata de una broma de mal gusto, una tontería o una amenaza?

Al respecto, el presidente dijo que no hay que meterse en ese tema porque corresponde a la libertad religiosa y califica como una religión lo que no es sino un culto satánico.

La orden de callar empata con una lógica de ciertos sectores de la ciudadanía: los fanáticos de López Obrador que reprueban y amenazan a quienes se atreven a señalar las contradicciones y las desviaciones de su líder, como lo prueba la furia que domina en las redes sociales, los insultos y las amenazas a quienes no comparten el credo obradorista.

A este hecho —los mensajes de esa camiseta— hay que agregar un atavismo que se dio en estos mismos días: el sacrificio de una gallina en el recinto del Senado de la República. Una “ofrenda en honor a Tláloc” en un acto organizado por Adolfo Gómez, senador de Morena. Y cómo no hablar de un presidente que lleva siempre en la bolsa una estampita, El Detente (“Detente enemigo que el corazón de Jesús está conmigo”), para que lo proteja de todo mal. En pleno siglo XXI y en un estado constitucionalmente laico, la apología de embustes por el presidente de la República, que se dice juarista, pero se revela como un supersticioso.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), tradicionalmente discreta, denuncia en un comunicado “la glorificación de la violencia”, de la cultura de la muerte, al tiempo que advierte sobre la reforma a la Ley de Amparo que, sostiene, “va en contra de derechos fundamentales.”

Ante la consigna de la camiseta de la Santa Muerte, la respuesta de Brozo es implacable: Un verdadero hombre no deja morir a los niños, no deja sin medicina a los enfermos, no le teme a las mujeres, no abraza a los criminales, no traiciona su patria. (El Financiero)

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