P. Jaime Emilio González Magaña, S. I. // RECHAZAMOS LA NARCO CULTURA DE LA MUERTE

            Hay un refrán muy común que afirma “no hay peor ciego que el que no quiere ver” y esto, sin duda, corresponde a lo que estamos viviendo en nuestro país.  ¿Qué más queremos observar para aceptar que estamos inmersos en una acción descarada del mal? San Pablo lo llama el «dios de este mundo» (2 Co 4, 4), y nos pone en guardia sobre la lucha a oscuras que los cristianos debemos mantener no con un solo demonio, sino con una pluralidad pavorosa: «Revístanse -dice el apóstol-, de la coraza de Dios para poder hacer frente a las asechanzas del diablo, que nuestra lucha no es (solo) contra la sangre y la carne, sino contra los principados y las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos de los aires» (Ef 6, 12). Como lo afirmó San Pablo VI, «que se trata no de un solo demonio, sino de muchos, diversos pasajes evangélicos nos lo indican (cf. Lc 11, 21; Mc 5, 9); pero uno es el principal: satanás, que quiere decir el adversario, el enemigo; y con él muchos, todos, criaturas de Dios, pero caídas –porque fueron rebeldes– y condenadas (cf. DS 800-428); todo un mundo misterioso, revuelto por un drama desgraciadísimo, del que conocemos muy poco.

El demonio está en el origen de la primera desgracia de la humanidad; él fue el tentador engañoso y fatal del primer pecado, el pecado original (cf. Gn 3; Sab 1, 24). Por aquella caída de Adán, el demonio adquirió un cierto dominio sobre el hombre, del que solo la redención de Cristo nos pudo liberar. Es una historia que sigue todavía: recordemos los exorcismos del bautismo y las frecuentes alusiones de la Sagrada Escritura y de la liturgia a la agresiva y opresora «potestad de las tinieblas» (cf. Lc 22, 53; Col 1, 13). Es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos también que este ser oscuro y perturbador existe de verdad y que con alevosa astucia actúa todavía; es el enemigo oculto que siembra errores e infortunios en la historia humana […]. Él es «el homicida desde el principio… y padre de toda mentira», como lo define Cristo (cf. Jn 8, 44s); es el insidiador sofístico del equilibrio moral del hombre. Es el pérfido y astuto encantador, que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de los desordenados contactos sociales en el juego de nuestro actuar, para introducir en él desviaciones, tanto más nocivas cuanto que en apariencia son conformes a nuestras estructuras físicas o psíquicas o a nuestras instintivas y profundas aspiraciones».

            ¿Cómo justificar un aberrante y bochornoso espectáculo que ocurrió nada menos que en el interior de la sede del Senado de la República durante la llamada “Ofrenda por el Día de la Lluvia”? de acuerdo con lo revelado por el miembro del mal llamado Movimiento de Regeneración Nacional que fungió como el organizador del evento. El grotesco show, supuestamente, fue en honor a Tláloc, dios de la lluvia, pero, en realidad, ha sido una manifestación de ignorancia y falta de respeto a todo un pueblo por parte de un sujeto que debiera respetar la institución a la que debiera servir y no avergonzar. Por otra parte, no podemos menos que sumarnos decididamente a la denuncia de la Conferencia del Episcopado Mexicano que, el 24 de abril, puso en evidencia como “la propagación de contenidos dañinos que está distorsionando los valores fundamentales que han caracterizado al país como la figura de la Santa Muerte”.

Los prelados manifestaron su repudio a la difusión que un aprendiz de payaso y lacayo del régimen hizo de una camiseta con una imagen que usan los narcos, en apoyo al presidente, quien, cínicamente, defendió el hecho como “libertad religiosa”. Es un hecho que «estos “cultos distorsionados” dañan a la sociedad con la implementación de una cultura de la muerte y violencia a través de la ‘narco cultura’ que se difunde en las redes sociales, imágenes violentas, cultos distorsionados como el de la santa muerte y amedrentamientos digitales”», señaló la Conferencia del Episcopado Mexicano.  Asimismo, advirtió de que “la propagación de este contenido dañino está distorsionando los valores fundamentales que han caracterizado” al país “como nación y erosionando el tejido social”. Y añadió: “como Iglesia denunciamos enérgicamente esta glorificación de la violencia y hacemos un llamado a todos los sectores de la sociedad para que se sumen en un rechazo total a estas prácticas destructivas”.

El mensaje de los obispos mexicanos se produjo después de la polémica generada en días recientes por la difusión de una burda imagen de la así llamada “santa muerte”, recurrentemente asociada al crimen organizado y usada por muchos cárteles de delincuentes que siembran el terror, el dolor, la violencia y la muerte. Impresa en la camiseta del sujeto en cuestión, se leía una ridícula frase que decía: “un verdadero hombre nunca habla mal de López Obrador’ (sic). Esta nueva falta de respeto al pueblo no debiera extrañarnos porque sigue el modo de proceder de una serie de sujetos que se creen mesías, como fue el caso del nefasto dictador venezolano Hugo Chávez quien alentó una campaña semejante con la leyenda: “Aquí no se habla mal de Chávez”. ¿Qué más podemos esperar? ¿Hasta dónde llegarán los excesos de quienes se asumen como salvadores del pueblo, pero, en realidad, lo están destruyendo?

Domingo 5 de mayo de 2024.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Deja un comentario

JAIME EMILIO GONZÁLEZ MAGAÑA

RP Jaime Emilio González Magaña, sacerdote jesuita que radica en Roma.

Gracias por visitarnos